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dimarts, 26 d’abril del 2011

El contacto

Aquélla noche, mi padre me llevó a una montaña que hay en las afueras de la ciudad. Bueno, a la montaña que HABÍA en las afueras. Recuerdo un cielo precioso y la presencia de todos los vecinos, y de mucha más gente.  Nos acompañaban cientos de aparatos. Estábamos escuchando la radio en directo.
Recuerdo mirar hacia arriba y ver la cara de mi padre en un gesto extraño. A medio camino entre el miedo y la ilusión. Mi padre siempre acertaba.
El locutor anunció un mensaje:
-"Existen. Están aquí. Salgan a recibirlos. Éste es un momento histórico. Y van a comunicarse con nosotros..."
Miré al cielo. Estrellas, nebulosas, galaxias. De repente, un miedo irracional se apoderó de mi sólo con sopesar la imagen del Universo sobre mí. ¿Qué demonios iba a ocurrir? ¿Por qué estamos aquí? Quería correr, huir. Ir a casa. Dormir.
La radio llamó mi atención nuevamente.
-"...estamos en condiciones de oirlos. Bienvenidos, amigos, a la Tierra."
Un silencio gélido respondió al locutor, mi estómago participó de mi miedo. Finalmente una voz, extraña, muy extraña, con gran parsimonia y ausencia de ritmo habló.
-"Saludos..."
Gutural, sin más. Se oía una especie de...jadeo. Helaba la sangre. Transmitía una enorme tristeza.
-"No...no...no podemos evitar..."
No pudimos evitar echarnos a llorar. Jamás olvidaré la imagen de mi padre llorando desconsoladamente. Ni el sonido del llanto, común. La voz del locutor se rompió, también lloraba. Nadie sabía por qué.
-"Es...el fin..." - unas imágenes aparecieron en nuestras mentes - "Enfermos...Os mostramos...el...futuro..."

Wu Ying Ren 死

dimecres, 30 de març del 2011

Diario de investigación (VI): Todos y ninguno



"No tengo nada interesante que contar. Evidentemente, no puedo reír recordando algo que no existe. No lo pasé bien aquél día y me da vergüenza revivir cierta situación ridícula. Odio tener que esperar, que no me escuchen y tener que repetir las cosas. Que me digan que no se me oye, que hablo demasiado bajo.

Me gusta el silencio y las cosas pequeñas. Me gusta ver la lluvia caer y oir el sonido del agua fluyendo. Estar solo, pasar desapercibido, pensar.

No me fío de la gente que tiene más amigos que dedos en una mano. No me gusta la gente que necesita salir de fiesta todos los días. No me gustan los horarios, el calor ni tampoco los hospitales. Las aglomeraciones, la gente que habla a gritos, la hipocresía, tener que coger un autobús y que se me escape..."

No, no es otra de esas cintas. Yoko, ésta mañana me ha visitado uno de los pacientes del Doctor. Visiblemente afectado por algo que no ha sabido explicarme. He grabado lo que me ha contado para volver a escucharlo. Tengo que decirte algo inquietante, realmente inquietante: en la grabación hay más cosas.

Se me oye a mí, se oye al paciente...y se oye a alguien más. Ya no sé si es la sugestión que se está apoderando de mí, o si es algún tipo de casualidad. El caso es que empiezo a pensar que aquél hombre sabía de qué estaba hablando cuándo decía que había despertado. Mientras hablamos, se oyen unas voces farfullando algo de fondo. Soy incapaz de entender lo que dicen, aún habiendo escuchado la grabación cientos de veces. Ahora mismo, mientras escribo esto, la escucho de nuevo. He tratado el sonido, filtrando mi voz y la del paciente, y sigo sin entender nada porque se atenúan aún más. En un par de ocasiones, ésas voces de fondo gritan algo, se vuelven violentas. Espera, un segundo, ...


Por detrás de los murmullos se oye otra voz más. O quizás un coro de voces. Una especie de...canto difónico, o similar. En fin, no importa...seguiré investigando en otro momento.

El paciente sufre algún tipo de desdoblamiento de personalidad múltiple, o cómo sea que se denomine. Ha comenzado a explicarme que era un refugiado republicano español, que vino a Japón huyendo de la Guerra Civil y de la dictadura del General Franco. Me ha contado que intentó volver al acabar dicha guerra, pero que la sensación que le producía vivir allí era demasiado...horrible. En el año 1938 había huido de España y, según él, la situación era mucho mejor. Que se sentía triste, amenazado. Que tenía miedo de poner un pie en la calle. Y también de quedarse en casa. Que algo se le derretía por dentro, que algo le quemaba por dentro. Todo a la vez. Que miraba a los ojos a la gente, y sentía cientos de cosas: pena, terror, asco, desconfianza, ... Todas negativas. Me ha contado que, después de unos meses en España, en el año 1953 decidió volver a Japón.

Yoko, no necesito ser un experto en historia de España para saber que éste hombre mentía. Y puedo asegurarlo sin temor a equivocarme: su físico le delata. Ése hombre no es menos japonés que yo. Por otra parte, para haber vivido la Guerra Civil siendo un hombre joven, necesitaría tener unos cien años. Y no tenía más de sesenta. Le he permitido tener el beneficio de la duda. Sin embargo, él mismo ha confesado el crimen más tarde.

Mientras le ofrecía un poco de té, el paciente ha comenzado a explicar que es un refugiado de Iraq. Aseguraba haber vivido un auténtico infierno gobernado por Saddam Hussayn. A partir de aquí, la historia es similar a la anterior.

No sé cuántas versiones diferentes me ha ofrecido. Historias sobre la vida bajo la tiranía incluyendo a gente como Hitler, Ruhollah Khomeini (destacando su parecido con el actor Sean Connery), Stalin o Pinochet. Recuerdo también que ha mencionado a Kim Jong-il, a Benito Mussolini y a Mao Tse-Tung.

Pero lo más sorprendente estaba por llegar, Yoko. Cuándo le he comentado la inconsistencia de su relato, argumentando que había dado varias versiones de la misma historia, ha reaccionado de forma bastante inesperada.

-"Lo sé, hijo." - ha dicho, sonriendo amablemente - "Y entiendo que no seas capaz de comprenderlo. Quizá sea un poco pronto para ti."

-"¿Qué quiere decir? Es humanamente imposible vivir todas esas vidas en una sola."

-"Tú lo has dicho, hijo. Humanamente imposible vivirlas en una sola."

Ante mi incapacidad para siquiera responderle, el anciano ha continuado.

-"Yo soy todas ésas personas, y ninguna de ellas. Al igual que tú, y que todos."

-"¿C...cómo dice?"

-"Y yo pediré cuenta de la sangre de cada uno de ustedes: pediré cuenta de ella a todos los animales, y también pediré cuenta al hombre de la vida de su prójimo."

Volvió a sonreir amablemente y se marchó sin mediar otra palabra. Si Lucy estuviera aquí, ya habría resuelto el enigma. Estoy seguro. 

Wu Ying Ren 死
 

dissabte, 2 d’octubre del 2010

El último


En Minnesota hace frío. Mucho frío. Y en este pueblo, en invierno, solemos quedarnos aislados del mundo. Completamente. Pero este invierno, va a ser el último. Esta nevada eterna, acabará con la historia de este pueblucho.

Y mientras miro el reloj de pared que hay en mi cocina, sé que lo sé. Sencillamente lo sé. Y no es por ir de guay. Los poco menos de 500 habitantes están muertos.Los han asesinado. Es suficiente prueba, ¿no?

Y hoy me toca a mí. No queda nadie más. Me tiene que tocar a mí, por fuerza.  Al principio, no quería que el tiempo pasara. Pero después de cinco o seis horas, la impaciencia me invade. Y me he sentado en la cocina a esperar mi hora, fumando todo lo que se puede fumar y escribiendo esta chorrada en mi portátil. Ven ya, maldito asesino, y acaba con esto de una vez.

Como si no pudiera salir de la habitación, estoy aquí, encerrado. Esperando que vengas, que aparezcas de repente con un cuchillo. Con una katana o dardos venenosos. Con una sierra eléctica. Con una pistola, o con un bazoka. Con un tanque, si es preciso. Con mondadientes, con una cuchara. ¡Dios, con peluches si quieres! No me importa. Al fin y al cabo, el fin justifica los medios, ¿no?

Pero mátame, ¡maldita sea!

He visto los cadáveres de todo el maldito pueblo. Muertes horribles. Los he enterrado. ¿A qué esperas? Hazme esperar diez minutos más y saldré a buscarte.

Has conseguido que quiera morirme, ¿por qué te escondes? ¿Es que no te excita matar a alguien que quiere morir? ¿Quieres que me vuelva loco? ¿Es una especie de experimento social? ¿Una cámara oculta?

¿Soy especial? ¿Estás enamorado de mí?

O es que yo...soy...

Wu Ying Ren 死

dijous, 10 de juny del 2010

Diario de investigación (V): El engaño de los sentidos


-"Ah, ya has llegado. Bienvenida."

Hay un anciano ante mí. Parece uno de esos magos de las historias de Tolkien que le gustan a mi hermano. Larga barba blanca y sombrero picudo. Muy típico. Tanto, que ha resultado existir.

-"¿D...dónde estoy?"

-"Esa es una buena pregunta, jovencita. Aunque mucho me temo que...quizá no acierte a darte una respuesta. El lugar al que has llegado no tiene un nombre concreto. De hecho, nada aquí tiene un nombre me temo."

-"¿Y entonces cómo se dirigen a otras personas? ¿Cómo dan referencias aquí?"

-"No sabría responder a eso tampoco, me temo. Sencillamente conocemos esa información de antemano. Aquí los nombres no son necesarios. La mayoría de los habitantes de éste lugar ni siquiera conciben ese concepto."

-"¿Y no es entonces todo muy confuso?"

-"Ah...los humanos siempre encerrados en su mundo de ideas preconcebidas y prejuicios. Entiendo que para ti sea algo difícil de entender al principio. Después de todo, vuestra mente no está preparada para según qué cosas." - el anciano hace una pausa para meditar sobre lo que ha dicho - "Bien, eso no es del todo cierto. En realidad vuestra mente SÍ está preparada. De hecho, es ella la que os protege de las cosas que pueden dañar vuestro interior."

-"Un momento. ¿Usted no es humano? ¿Y...qué es eso de que nuestra mente nos protege?"

-"Muchacha, esto es algo que irás descubriendo poco a poco. En este lugar no habitan humanos. Es cierto que tenemos apariencia humana y en ocasiones actuamos como humanos, pero somos diferentes. Los pocos humanos que han llegado hasta aquí frecuentemente nos han confundido con algo que llaman...dioses. Pero tampoco somos eso, me temo." - el anciano hace una nueva pausa - "Sobre la segunda cuestión...la mente humana ejerce un control extremo sobre lo que acontece alrededor del individuo y filtra toda la información antes de que ésta llegue a ser interpretada por éste. Eso que vosotros llamáis alma, no podría sobrevivir mucho tiempo sin un cerebro protegiéndola."

-"No entiendo nada..."

-"Es normal. Poco a poco, mi joven amiga. Poco a poco. ¿Sabes? Estaba esperando tu llegada."

-"¿Qué quieres decir?"

-"Bien. Soy una especie de...guía. Te acompañaré mientras estés en esta tierra olvidada. Si no te importa, claro."

-"Si eso significa que vas a ayudarme a entender lo que está ocurriendo...ni siquiera recuerdo cómo he llegado aquí..."

-"Por supuesto que estoy aquí para ayudarte. Y no tienes por qué preocuparte por nada, muchacha. En este lugar no corres ningún peligro, no hay amenazas. Además, tienes todo el tiempo que necesites."

-"Bueno...¿y ahora qué?"

-"Si estás preparada, sígueme. Primero, te mostraré la Biblioteca."

-"Supongo que no te importará...pero mi nombre es Lucy."
-"Lucy." - repite el anciano - "Suena bien, pero como dices no me importa. No te lo tomes a mal si lo olvido pronto, aquí los nombres no tienen importancia. Tampoco existen conceptos como el pasado o el futuro. Y, ¿sabes?, ni siquiera soy capaz de hablar tu idioma. Me comunico contigo a través de ondas electromagnéticas que tu cerebro interpreta para tí."

-"Pero yo te veo mover los labios...y oigo tu voz..."

-"Me temo que estás algo confundida. Deberías decir que tu cerebro te hace creer que ves, y tu cerebro te hace creer que oyes. Vamos, no te quedes atrás."

Wu Ying Ren 死


dilluns, 17 de maig del 2010

Diario de investigación (IV): El Señor Blanco


De: Taniguchi Shinji
Para: Mitsui Yoko
Asunto: Extraña carta


Hola Yoko.



Estaba en el piso superior y he oído unos ruidos extraños abajo. Por un momento he pensado que esto era una de esas casas encantadas. Sea lo que fuere lo que ha provocado los ruidos que he oído desde arriba, ha desaparecido para cuando he bajado las escaleras. En el suelo, junto a la puerta de la casa, he encontrado un libro de tapa dura. De color negro. Y sobre éste, una carta. Supongo que esto explica los ruidos.

El libro es un manuscrito. Parece una novela, está dividido en capítulos. En una de las primeras páginas hay una dedicatoria: "Para Yui, el amor que nunca pudo ser".  Yoko, ¿qué ocurre en éste pueblo? He consultado la lista de pacientes y sólo uno de ellos es habitante de éste pueblo. El Doctor tenía pacientes que venían de muy lejos...es todo tan extraño...

He leído algunos pasajes del libro. Por lo visto, explica una historia bastante extraña sobre un hombre que viaja a un pueblo para investigar algo. Pero en capítulos posteriores, la historia parece otra...he contado al menos cuatro historias diferentes. Intentaré leerlo entero para esclarecer esto, no es demasiado largo y quizá me de alguna pista o me sirva en un futuro.

Pero la razón por la que te mando este mail no es el libro. Es la carta que había sobre él. Si el libro es extraño, la carta no tiene definición. Lamentablemente, la letra es bastante fea y no he conseguido que el escáner reconociera el texto de la carta, así que he tenido que transcribirla manualmente. Aquí la tienes:

"No había silencio para él. Su mente parecía ir siempre tres pasos por delante del Universo. Y siempre generaba ruido. Su mente casi podría decirse que tenía vida propia, y que pensaba por él. Su mente conversaba con él desde que despertaba por la mañana, hasta que se dormía en algún momento de la noche. Sin pausa.


Todas las mañanas, al despertar, se miraba al espejo. Y le gustaba lo que veía: estaba sano, se cuidaba y había tenido suerte con su físico. Sin embargo, se hacía preguntas inconscientemente. Y, a medida que avanzaba el día, las preguntas obtenían respuesta. Observaba al resto de la humanidad arrastrarse pesadamente por la vida y se cuestionaba su existencia. Era incapaz de comprender las razones por las que aquéllos, sus semejantes, hacían algunas cosas. Ni tampoco la forma cómo las hacían, ni cómo obviaban las consecuencias de sus actos. Pero el ruido externo silenciaba al interno.

Desgraciadamente, con la noche llega el silencio. Y con él, un torrente de pensamientos. Preguntas y respuestas. Desesperación. Y eso le hacía llorar. ¿Por qué?, se preguntaba, ¿Por qué no hay confianza?. ¿Por qué hacéis todo esto? ¿Estaré enfermo?, se decía, ¿Estaré sufriendo algún tipo de desequilibrio mental?

Lo cierto era que, aunque lo intentaba, él era incapaz de imitar a sus semejantes. No podía ocultarse tras una máscara. No concebía la necesidad de mentir, ni la de simular una felicidad nunca obtenida. Nunca tuvo suerte. Las alegrías, incluso las más grandes, duraban sólo unos pocos instantes. Era como si por cada dos pasos que daba adelante, se viera forzado a retroceder uno. La gente de su alrededor le ofrecía respuestas vacías que no necesitaba, sin contar que él ya disponía de respuestas mejores.


Comenzaba a creer que no existía tal sentimiento, que era sólo una especie de farsa, algún tipo de mecanismo mental. Pero su mentalidad, siempre positiva, le impedía rendirse. Y seguía luchando por intentar conseguir de nuevo aquello que una vez le hizo creer sentirse feliz. Sin embargo, comenzó a decir no y a evitar que las personas se aprovecharan de él. Y eso le consiguió un nuevo enemigo: la soledad.


Un día llamó por teléfono a una antigua amiga. Hacía años que no hablaba con ella. Él le pidió perdón y le hizo prometer que iba a ser feliz, sin mentiras. Ella se asustó, y fue a su casa. Se oía ruido, pero nadie abría la puerta. Avisó a la policía. Por primera vez desde que lo conocía, lloró por él.

Cuando entraron ya estaba muerto. Lo encontraron muerto en su casa, desnudo. Muerte natural. La televisión encendida, mostrando un vídeo casero en el que la chica pasea por un parque y juguetea con el cámara. Sobre la mesa, un libro y una carta. Era un manuscrito, al parecer el chico escribía historias. Nunca se lo explicó a nadie. Pero, de repente, todo el mundo quería leerlas. Y, al hacerlo, creyeron entenderlo todo. Sólo lo creyeron. Intentaron convencerse de que lo entendían, pero cada uno entendió una cosa diferente.


La carta iba dirigida a su amiga. Y comenzaba con un tétrico: "He terminado nuestro libro. Si estás leyendo esto, es que estoy muerto."


Algunas lágrimas caían por las mejillas del cadáver. Quizá por fin había encontrado lo que tanto buscaba."


Algo se me escapa, debo encontrar a la persona que ha traído esto. No entiendo nada, pero quizá sea algún tipo de mensaje. Espero que el que ha escrito esto no tenga pensado hacer lo que el protagonista de la carta...

Yoko, quizás sea buena idea imprimir una copia y archivar esta carta. Cuando lea el libro, te lo mandaré para que lo archives también. Bien, voy a seguir investigando. Si entiendes algo, o consigues alguna pista, no dudes en avisarme.

Espero dar con Lucy pronto, estoy muy preocupado por ella. Y cuánto más tiempo pase, más preocupado estaré.

Un saludo,

Taniguchi Shinji.


Wu Ying Ren 死

dijous, 13 de maig del 2010

Diario de investigación (III): El viaje


Taniguchi Shinji, diario de viaje. Día 1.

Son aproximadamente...las ocho de la mañana. Hace un par de semanas que no recibo noticias de Lucy, mi compañera en esta investigación. Quizás sencillamente esté demasiado ocupada. Conociéndola, no sería nada extraño en ella. Aún así, he decidido ir a buscarla personalmente. Espero que no le haya pasado nada malo. Me sentiría culpable, ya que fui yo quién la hizo venir expresamente desde Inglaterra. Debí haberla acompañado desde el principio. Lucy...

Bien, he cargado mi equipo en el coche y me dispongo a dejar Tokyo y poner rumbo a la casa dónde vivía el Doctor.

¡Ah, casi lo olvido! Enviaré copias de estas grabaciones junto con transcripciones en texto plano de las mismas por e-mail todas las noches a Yoko, mi ayudante. Si me pasa algo, al menos habrá un rastro que seguir...

***

Yoko, menuda paliza me estoy dando. Es casi la hora de comer y aún no he dejado de conducir ni un sólo minuto. Calculo que me queda aún una hora para llegar. No puedo parar de pensar en qué demonios le habrá pasado a Lucy. Me gusta pensar que llegaré allí y estará entre un montón de papeles y objetos raros, sin darse cuenta de que el tiempo pasa...

Hablando del paso del tiempo...¿ya he llegado? Qué extraño...juraría que...bien, no importa. Voy a ver si encuentro a Lucy.

***

Han pasado...exactamente dos horas y...catorce minutos desde mi última grabación. Esta maldita casa es enorme. He buscado a Lucy por todas partes pero...no hay ni rastro de ella.  Ni de nadie más, cómo era de esperar. Tampoco están aquí sus cosas. Algunas habitaciones están muy desordenadas, supongo que habrá estado removiendo cajones y armarios. La gente del pueblo...parece vivir encerrada en casa. Apenas sí he visto a una persona mientras se metía en su domicilio. Quizá sea porque es la hora de comer...

Hay una extraña sensación en el ambiente, Yoko, cómo si...me estuvieran observando todo el rato. Bueno, supongo que tendré que instalarme aquí un tiempo. Debo encontrar alguna pista de dónde está Lucy. Esta tarde, o mañana, intentaré preguntar a los vecinos. Puede que sepan algo.

***

Me acaba de pasar algo increíble. Son...¿las once? Si, las once de la noche. Estaba rebuscando entre los objetos del Doctor y...¡he recibido un e-mail de Lucy! Pero alguien ha llamado a la puerta. Era un vecino preguntando por él. ¡Ni siquiera sabía que el Doctor está desaparecido desde hace semanas! He...intentado hacerle pasar pero se ha negado. Se ha puesto nervioso al saber que el Doctor no está. Pero me ha dicho que han visto a una chica extranjera rondando por aquí, que pregunte por la mañana a los vecinos. Acaba de marcharse.

Voy...a ver qué dice Lucy, no he tenido tiempo de leer su mensaje. A ver...err...Yoko, te mando una copia.

Dice que el Doctor estaba metido en algo muy gordo y que quizá siga vivo, que está intentando seguirle la pista. No dice dónde está. Y me pide que no venga al pueblo...tarde...


Taniguchi Shinji, diario de viaje. Día 2.

Son...las seis. Llevo toda la noche mirando y escuchando cintas. Dentro de un sobre, he encontrado una carta que alguien envió al Doctor poco después de que él desapareciera. Escucha esto, Yoko:

"Usted ya sabe qué me ocurrió, Doctor. Cuando era niño casi muero congelado en la montaña en medio de una enorme nevada. Mi tío, que tiene coche, me llevó a la ciudad. Y en el hospital, tras una larguísima operación, me contaron que había estado casi una hora fuera de este mundo, y mi cerebro había sufrido daños. Estaban sorprendidos de que siguiera vivo. Y siguen sorprendidos de que hayan pasado tantos años y, aparentemente, no tenga problemas.

Sin embargo, al poco tiempo de salir del hospital empecé a ver y sentir...cosas. Cosas horribles. Visiones de gente muriendo o hablándome, seres horrendos que se aparecían ante mi... Y el mundo se transformaba ante mí, durante unos instantes. Nunca le he contado esto a nadie, y le pido que guarde mi secreto. Aprendí a convivir con mi...defecto, o cómo quiera llamarle. Me hice fuerte...pero el precio a pagar puede que haya sido demasiado alto.

Quince años después, las visiones han aumentado. No puedo socializar, porque me asaltan sin avisar. Mis amigos me han ido dejando de lado, mi familia también. Me enamoré de una amiga, una chica preciosa. Y no soy capaz de invitarla a salir, porque...creo que piensa que estoy loco."

Bueno, y sigue contando su caso durante un par de páginas. He mirado el remite, es de alguien de este pueblo. ¿Qué ocurre aquí, están todos majaras?

Yoko, debo encontrar a Lucy. Mierda...he oído ruidos abajo...

Wu Ying Ren 死

dijous, 29 d’abril del 2010

Diario de investigación (II): El archivo gráfico


En mi tercer día de investigación, rebuscando entre las cintas de cassette encontré una en la que el Doctor hacía referencia a un archivo de vídeo. Uno de sus pacientes se había quitado la vida protagonizando un espectáculo dantesco en medio de una céntrica calle de la ciudad. En plena tarde de un sábado, frente a un centro comercial.

La cinta en cuestión lleva la etiqueta "Señor Verde - Sesión #12". Aún no he descubierto el significado de esta extraña nomenclatura, pero sus pacientes no tienen nombre. Todos son un color. Puede que sea una forma de clasificar casos, ya que un mismo color corresponde en ocasiones a varias personas con enfermedades mentales semejantes.

En la cinta de cassette, el Doctor explica que el paciente no puede acudir a la cita porque se ha quitado la vida. También explica que ha pedido permiso a la policía local para hacer una visita al domicilio del finado. Te envío la cinta, pero transcribo aquí una parte de sus explicaciones por si no llegara.

-"No sin recelo, las autoridades policiales me han permitido entrar en el domicilio del paciente recientemente fallecido. He tenido que insistir mucho, pero al final han permitido que entre. Al parecer, los agentes que han visitado la vivienda han sufrido crisis y alucinaciones. Quizás debería visitar a mis pacientes de vez en cuando. [...] Me he llevado la videocámara para grabarlo todo. La cinta de la visita está etiquetada con el nombre Señor Verde - Visita #1."

Prácticamente he tenido que darle la vuelta a la habitación, pero al final he encontrado las cintas de vídeo. Estaban en un armario, oculto tras otro armario (?), junto con la videocámara. Como todo aquí, la videocámara es una antigualla. Pero tiene una pequeña pantalla, como las cámaras digitales actuales. El cacharro permite incluso imprimir capturas de pantalla. Debe ser lo único que hay en esta casa que no tiene más de 30 años. Eso sí, las cintas son Betamax...

He aprovechado para visitar el resto de la casa. En una especie de salón-comedor, hay una televisión enorme y un reproductor de vídeo. Por suerte, aún funcionan. Deben ser los que utilizaba para revisar sus grabaciones, porque aparte de una radio, una nevera y una lavadora, no hay más electrodomésticos en toda la casa. Además, la casa no tiene antena de televisión, así que sólo sirve para ver cintas grabadas. El Doctor era un tipo bastante extraño, como ya sabíamos.

La cinta comienza en la puerta de un domicilio, supuestamente el del paciente. El Doctor se presenta y hace una pequeña introducción, como siempre. Acto seguido, comienza a explorar la casa haciendo comentarios sobre lo que observa.

Sin embargo, hay algo inquietante en esto. El Doctor comenta, antes de comenzar a andar:

-"Debo ser precavido. Si aparto, aunque sea un segundo, la vista del monitor de la cámara, quizá no lo cuente."

¿Tienes alguna explicación para esto? Intentaré mandarte la cinta de vídeo también. Aún así, te transcribo otra parte de la narración:

-"[...] El domicilio del Señor Verde despide un olor bastante desagradable. Sin duda, debido a las condiciones en las que vivía. Han arrancado las lámparas del techo y por el suelo hay cientos de velas. Las ventanas están todas cerradas firmemente. Y no parece que las hayan abierto en mucho tiempo. [...] Las paredes, y los cristales de las ventanas se han pintado de color negro. El techo está a medio pintar. Todo está desordenado al extremo."

Al parecer, el paciente sufría de fotofobia y agorafobia. Sólo salía de casa para ir la consulta del Doctor. Siempre vestido de negro, y cubriéndose la cabeza con una capucha. El Doctor tenía que cerrar las ventanas de la consulta para que el paciente se sintiera cómodo. El Doctor describe una serie de objetos extrañísimos relacionados con el ocultismo, a los que aplica un spray negro. Debo averiguar por qué hace eso.

Cerca de la mitad de la grabación, el Doctor descubre una pequeña habitación al fondo del domicilio. Dentro hay una especie de altar, con  extraños ídolos con unas formas...bueno, son horrendos. Parece ser que sacrificaba animales, pequeños y no tan pequeños...

En el techo de la habitación, aún a medio pintar, el Doctor encontró algo escrito. La luz de su linterna se refleja, pero se puede leer.

He impreso una captura, que adjunto bajo estas líneas. ¿Sabes qué significa?


Tienes que ver esta grabación, en serio.

Wu Ying Ren 死

divendres, 16 d’abril del 2010

Diario de investigación (I): El archivo sonoro


He encontrado lo que parece ser un archivo sonoro. Cientos de cintas de cassette con grabaciones probablemente realizadas en esta misma habitación. Elijo una, al azar, y la introduzco en el aparatoso equipo de audio que hay cerca. La etiqueta dice "Sr. Rojo - Sesión #24" Enciendo el aparato y ajusto el volumen.

El sonido es bastante malo, la grabación suena a antiguo. Una pequeña introducción del Doctor precede a la primera pregunta.

-"¿Sigue viendo...cosas?"

Responde la más fría, pausada y perturbadora voz que jamás haya oído. Me congela la sangre.

-"...Si..."

Parece dividir las sílabas en unidades menores. Es escalofriante. No sin pensármelo dos o tres veces, sigo escuchando.

-"La medicación no funciona, quizá deba subirle la dosis. ¿Ha aumentado la frecuencia con que sufre esas visiones?"

-"...¿Cómo...cómo sé que usted no es una?"

-"Bien...eso depende de la forma que tomen esas visiones..."

-"Creo que...el mundo...se ha abierto ante mis ojos tal y como...es..." - la tétrica voz, como si no fuera suficientemente lenta, hace una pausa - "...no veo nada extraño en realidad...es como si pudiera ver...más...que los demás...cosas que están ahí, pero...usted no puede ver..."

-"Bueno...en ese caso, me temo que no puede saber si yo soy una visión o no. Tendrá que fiarse de mi palabra."

-"Bien."

Parece que el Doctor va a realizar una intervención, pero el hombre de la voz helada le interrumpe.

-"¿Sabe, Doctor?" - ha cambiado el tono, ahora parece tener sentimientos - "Desde que...veo estas cosas...todo lo que antes creía normal, me repugna. Las personas, la comida, los animales, el...mundo en general..."

-"¿Qué quiere decir?"

-"Le veo a usted...y sin odiarle por nada en concreto...su sola presencia me...repugna. Esta habitación...me ofrece la misma sensación...sus libros, esta silla dónde estoy sentado. Todo..."

-"¿Siente algún impulso?"

-"Si. Deseo...estar solo. Deseo que nadie se entrometa en mi camino. El simple hecho...si alguien...me dirige la palabra...es como si hablara una lengua extraña. Sencillamente...me avasalla...y deseo que muera. Y que mueran todos. Y esperar que llegue mi inevitable muerte también." - hace otra pausa - "Y todo...es decadente y...y prescindible. Siento...siento un deseo sexual...primario...mis instintos más básicos intentan dominarme, ¿sabe? Pero es que nada tiene sentido..."

-"Eso es malo. Eso es muy malo. Realmente, probaremos a subirle la dosis."

-"Doctor...hace semanas que...que no tomo mi medicación..."

-"Pero, ¿por qué?"

-"No estoy enfermo...¿sabe? Sólo...he despertado."

El paciente comienza a reír.

-"¿Despertado? ¿Qué quiere decir?"

-"Cree que estoy loco. Todos lo creen. No saben...no saben nada. Viven sobre una cuerda, haciendo...equilibrios." - musita entre risas - "¿Loco? ¡No! ¡Estoy vivo! Y me he...liberado. Mi mente, por fin...es libre. Y veo el mundo tal y cómo es."

-"¿Y cómo es?"

-"Indescriptiblemente...horrendo." - sentencia la voz del paciente con su serenidad habitual - "Y no significamos nada...nada...perdemos el tiempo en hacer cosas...para creernos útiles. Para sentirnos mejor. Usted, sin ir más lejos, ha perdido...su vida en estudiar medicina..."

-"¿Perdido?"

-"¿De verdad cree que pudo elegir? ¿Cree que...se ha labrado un futuro por sus propios medios?"

-"Un hombre es producto de sus decisiones."

-"Un hombre...¿¡Un hombre!? Ni toda la humanidad al completo puede luchar contra el inevitable destino que nos espera..."

Se oyen algunos ruidos. Parece que el hombre se ha levantado.

-"Por favor..." - el Doctor parece nervioso - "...cálmese y tome asiento de nuevo."

-"...no podemos luchar...no podemos hacer nada..." - se oyen pasos y la voz del Doctor mascullando algo - "Doctor, libere su mente..."

Se oyen más pasos.

-"Solo somos pasajeros en un barco...comandado por unos seres más antiguos que él, más que el mismo Universo..." - el paciente sigue riendo - "...unos seres que no...tienen piedad...ni sienten amor por nosotros...sólo..."

-"Muy bien. La sesión de hoy ha terminado." - intercede el Doctor.

-"...¡Destrucción!..." - gime el paciente.

Y la grabación finaliza. Seguiré investigando, hay cientos de cintas. Te mantendré al corriente con este diario.

Wu Ying Ren 死

dissabte, 5 de setembre del 2009

El monjo pèl-roig


Cau la nit mentre em preparo per baixar a la taverna. És el que faig tots els dies d'aquesta vida meva quan arriba la nit. Tot i així, avui és diferent, perque torna un bon amic meu que ha estat de viatge a Sevilla, en terres sarraïnes. Tinc moltes ganes de veure'l i d'escoltar alguna seva història.

En arribar a la taverna, el meu amic ja està compartint alegries amb la resta de companys. La cervesa, com no podia ser d'altra manera, omple cada una de les gerres de la taverna.

-"Vine, vine, Roderic. Que us explicaré una llegenda que corre per terres sevillanes." - em crida ell.

-"Bernat! Déu vos guard! Ja tenia ganes de veure't!" - li responc, alçant una mà.

M'assec amb tots i el taverner, que ja sap a què he vingut, em serveix una gerra de cervesa ben plena. En Bernat, que es veu més jove del que és, sembla estar ben alegre de tornar. Potser ja ha begut massa, però això no importa gens ara.

-"Nois!" - crida en Bernat - "El que us explicaré ara es una llegenda que em va explicar un antic comerciant nascut a Barcelona que vaig conèixer a poc d'arribar a Sevilla."

Els companys s'esvaloten una mica en sentir parlar de "llegendes".

-"Tot i que..." - va continuar en Bernat - "...jo sospito que té la seva part de veritat."

En Bernat fa una pausa per saludar amb la mà a uns veïns que acaben d'entrar i l'han reconegut.

-"Bé. Sembla ser que fa uns quaranta o cinquanta anys van arribar uns homes per mar, riu amunt, i van conquerir la ciutat de Sevilla amb uns focs màgics. Els mayús, deien els sevillans. El meu amic comerciant em va dir que ell creia que no eren tals sinó homes del nord, vinguts de llunyanes contrades per mar. Em va dir, que en altres viatges a ciutats al nord, en terres d'asturs, prop de les terres dels francs, també n'havia sentit a parlar d'ells. D'antigues llegendes de saquejos d'homes del nord, dels confins del món on no hi arriba la llum del sol. Més enllà de les terres dels saxons i de la Britannia..."

-"Vols explicar ja la maleïda història!?" - li crida en Roc.

En Bernat se'l mira, mig rient i finalment sembla que decideix fer cas.

-"Doncs aquests homes, com us deia, van saquejar Sevilla fa uns quaranta o cinquanta anys. El foc arribava a tot arreu, semblava ben bé que poguéssin controlar-lo a voluntat. La gent fugia o intentava fugir de tot allò. Finalment en van poder fer recular aquells homes i el seu foc." - glop de cervesa - "Però diu la gent que un d'aquests homes es va ocultar entre els sevillans. I que, a les nits, mata aquells qui ell pensa que n'han fet alguna. I diuen que no pots escapar d'ell, que et persegueix a l'altre món si cal."

Els companys comencen a interessar-se de veritat. I jo també, es fa un petit silenci a la taula.

-"Diuen que, durant la nit, aquells que han robat o han volgut mal a algú altre no poden dormir pensant que aquest home vindrà a fer pagar comptes. Els que el veuen un cop, ja no ho poden explicar a ningú perque ell els mata. Però el meu amic em va explicar que alguns l'han vist, d'amagat, matar i diuen que porta una roba com de monjo, un hàbit de color negre. I sempre porta el cap cobert. Que s'apropa a la seva víctima sense fer cap soroll, amb les mans juntes com resant, i se li planta al davant. I no diu res."

-"Res?" - pregunto jo.

-"Res. Fins que la víctima se'n cansa i intenta passar de llarg o dir-li alguna cosa. Llavors ell parla."

-"I saps què diu?" - pregunta n'Arnau.

-"Justitia omnibus." - respon Bernat.

-"Sap llatí?" - diu en Roc.

-"Sap llatí o n'ha après aquesta frase i no més. Sembla que a vegades també diu el seu nom...com era? Erik o alguna cosa així..." - contesta en Bernat - "El cas es que, just després, es descobreix el cap per que la víctima li pugui veure la cara...i el mata amb un ganivet que porta ocult entre la roba..." - un altre glop de cervesa, mentre tots restem atents - "Diuen que sempre sonriu d'una forma estranya i que porta cabell larg, i barba. Tot de color vermell o taronja...quan ja l'ha mort, es torna a cobrir i se'n va."

***

Tot recordant la història que ha explicat en Bernat a la taverna fa ja estona llarga, intento ajudar-lo a arribar a casa seva. Va rient, feliç i s'ha begut tota la cervesa de la taverna. El deixo assegut al portal mentre obro la porta de casa seva i llavors l'aixeco per fer-lo entrar.

-"Vinga, Bernat. Que ja hi som, amunt..." - li dic, fent un esforç per aixecar-lo.

Llavors ell em diu a cau d'orella.

-"Saps què, Roderic? Jo m'he n'he escapat d'aquell monjo...me'l vaig creuar..." - i es comença a riure de nou.

Jo ric també. L'entro a casa, l'assec en una cadira com puc i començo a tirar cap a casa meva. Li encenc un llum i mentre tanco la porta, me'n acomiado d'ell.

-"Adéu Bernat! Déu vos guard! Descansa durant la nit, demà ens tornem a veure."

-"Justitia omnibus..." - respon una veu desconeguda.

Wu Ying Ren 死

dijous, 6 de març del 2008

Te llamé por tu nombre...

...y saliste corriendo. Porque es lo único que sabes hacer: huir. Huir es tu vida y huyendo quieres vivir. Ni te molestas en plantearte si deberías dejar de hacerlo. Sentiste miedo al ver que te había reconocido, al ver que sé quién eres. Pues bien, corre. Corre todo lo que puedas. Corre hasta que te revienten los pulmones. Corre hasta que la extenuación se apodere de ti y deje vía libre a tu desesperación. Cuando mires atrás...allí estaré yo. Porque no voy a dejar de perseguirte...


Allí estaré yo, y tú me verás desde el suelo. Tal será tu cansancio que no podrás moverte. Pero yo estaré cada vez más cerca de ti. Y cuando sólo puedas verme los pies, descubrirás quién soy. Entonces sólo te quedarán tus ruegos. No sabes lo que quiero, ¿verdad? Claro que no. Aún así, rogarás por tu vida, me pedirás que me vaya, que te deje. Quizá lo haga...o puede que no. Porque ya te habré atrapado...


¿Que me dices? ¿Crees que te dejaré marchar? ¿Por qué tienes miedo? No he dicho que quiera hacerte daño, ¿o sí? ¿Dije yo eso? Ahora me estás mirando a los ojos, me he agachado. Que frío hace de repente, ¿no? ¿O sólo te lo parece? Yo puedo ver los tuyos, estás a mi merced...


Wu Ying Ren