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dijous, 9 de setembre del 2010

Pues eso


"La vida en general, y sobretodo la suya, le parecía una cosa fea, turbia, dolorosa e indomable."
 Fragmento extraído de "El árbol de la ciencia", de Pío Baroja

dimecres, 21 de juliol del 2010

Últimas palabras

  -¡No! - dijo Thorin-. Hay en ti muchas virtudes que tú mismo ignoras, hijo del bondadoso Oeste. Algo de coraje y algo de sabiduría, mezclados con mesura. Si muchos de nosotros dieran más valor a la comida, la alegría y las canciones antes que al oro atesorado, éste sería un mundo más feliz. Pero triste o alegre, ahora he de abandonarlo. ¡Adiós!
Fragmento extraído de "El Hobbit", de J.R.R. Tolkien

diumenge, 4 de juliol del 2010

Testimonio

  Pero poco hay que decir de la beautitud y de la vida placentera antes de que concluyan; pues las obras bellas y maravillosas, mientras duran todavia y es posible contemplarlas, son su propio testimonio, y sólo cuando están en peligro o se quebrantan para siempre pasan a las canciones.
Fragmento extraído de "El Silmarillion", de J.R.R. Tolkien

dimecres, 22 de juliol del 2009

De intereses políticos, guerra "ética" y corrupción.

En noviembre de 1943 se reunieron en Teherán Iósif Stalin, Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt en lo que el segundo definió como "tal vez la mayor concentración de poder terrenal de que hubiese sido testigo jamás la historia del hombre". En la capital iraní se decidiría el reparto de Europa una vez acabada la guerra.

Durante una cena a la que asistieron los tres, Stalin aseguró que, para someter a Alemania, habría que ejecutar al menos a cincuenta mil oficiales de estado mayor nazi tras la guerra. Churchill se ofendió sobremanera y respondió que ni él, ni su gobierno ni tampoco la opinión pública británica iban a aceptar semejante atrocidad y que jamás iban a tolerar ejecuciones masivas.
"Prefiero dejar que me saquen ahora mismo al patio de este edificio para fusilarme antes que mancillar con semejante infamia mi honor y el de mi país."
El presidente americano, de quién Churchill quizá esperaba que le echara una mano, intervino. Y lo hizo bromeando con matar sólo "cuarenta y nueve mil". Y, para más inri, su hijo Elliot Roosevelt comentó que los soldados aliados ya se encargarían de liquidar gran parte de esos cincuenta mil oficiales en el campo de batalla. Sin embargo, él esperaba poder matar a muchos más.

Churchill se levantó y abandonó la sala.

Llegada la medianoche, Churchill comentó a su médico y amigo, lord Moran, lo turbado que se encontraba.
"Va a haber otra guerra más sangrienta; pero yo no voy a estar en ella. Voy a estar dormido. Ojalá esté dormido un millón de años."
A lo que añadió luego que:
"Creo que el hombre va a matar al hombre y exterminar todo rastro de civilización. Europa va a quedar desolada, y a mí se me contará entre los responsables... Ante nuestras propias narices se están desplegando asuntos extraordinarios, y nosotros no somos más que motas de polvo que, durante la noche, se posan en el mapa del mundo."

Citas atribuidas a W. Churchill, extraídas del libro "A puerta cerrada" de Laurence Rees.

diumenge, 31 de maig del 2009

¿Y qué sucede cuando lo abres?

Reiko, con el cigarrillo entre los labios, también se rió.
- Eres un buen chico. Mirándote, me he dado cuenta. En los siete años que llevo aquí he visto ir y venir a mucha gente. Así que lo sé. Hay dos tipos de personas: los que son capaces de abrir su corazón a los demás y los que no. Tú te cuentas entre los primeros. Puedes abrir tu corazón siempre y cuando quieras hacerlo.
- ¿Y qué sucede cuando lo abres?
Reiko, con el cigarrillo entre los labios, juntó las palmas de las manos con aire divertido.
- Que te curas - afirmó.
La ceniza del cigarrillo cayó sobre la mesa, pero a ella no pareció importarle.


Fragmento extraído de "Tokio Blues, Norwegian wood" de Haruki Murakami

dimecres, 6 de maig del 2009

Desobediencia

La ley militar declara: "Los que no avanzan cuando deben avanzar y los que no retroceden cuando deben retroceder serán decapitados".

Cuando Wu Ch'i luchaba contra Ch'in hubo un oficial que no pudo contener su ardor antes del choque de los dos ejércitos. Avanzó, cortó un par de cabezas y volvió a su puesto. Wu Ch'i ordenó que fuese decapitado.

El Jefe de Estado Mayor del ejército le reconvino en estos términos: "Este hombre es un oficial de talento, no debierais decapitarle". A lo que Wu Ch'i respondió: "No discuto sus talentos como oficial, pero es desobediente".

Después de lo cual le hizo decapitar.

Fragmento extraído de "El arte de la guerra", de Sun Tzu.